NFT y criptoarte

Cuando al principio todo era el Bitcoin, una criptomoneda era la muestra de la idea del registro descentralizado de las operaciones financieras y la seguridad en la web. Por primera vez unas transacciones no necesitaban de ninguna entidad formal, ya que los registros y validaciones quedaban en los nodos como ordenadores repartidos por todo el mundo bajo el mando de la Blockchain.

Trascendiendo el mero uso crematístico, la tecnología Blockchain permite ahora registrar en sus bloques lo que llamamos NFT, o sea, ‘Token No Fungible’, lo que sería un registro digital en la red Blockchain que no se puede dividir en partes, a diferencia de las criptomonedas que admiten muchos decimales.

Como NFT las obras digitales originales de un artista se pueden registrar en la Blockchain de Ethereum y de esta forma, el autor puede controlar y comercializar su obra de forma más directa, y además añade la confianza y trazabilidad de que esa obra es única.

De esta manera una ilustración en formato jpg o video se puede vender al mejor postor en plataformas que permiten la acuñación, compra y venta de activos digitales con criptomonedas asociadas a la red Ethereum. Entonces un coleccionista pude comprar tu NFT, de hecho el coleccionista está pagando por tu firma o la escritura digital que de forma permanente y a prueba de falsificaciones asegura la propiedad de lo comprado. No obstante, se puede obtener fácilmente el mismo archivo, exactamente el mismo e imprimirlo para uso y disfrute de cualquiera.

Curiosa situación que nos lleva a la pregunta: ¿Qué diferencia el archivo del coleccionista que pagó mucho ether del se ha copiado de internet?

El NFT, este ‘Token No Fungible’ que designa quien tiene el auténtico, porque de todas las copias idénticas solamente una es la original, y por la naturaleza humana de la posesión la satisfacción del observador en ambos casos no es la misma.

Por si alguien de la vieja escuela pregunta, esta situación siempre ha estado en fase, así cuando el lienzo salió del arte de Picasso, una fotografía reflejaría fielmente los mismos e idénticos trazos, o un copista lo imitaría hasta el último pigmento, sin poner en duda que entre pares uno es el más importante y transmite la auténtica esencia del autor porque así lo dispuso él mismo en sus actos vitales.

Más allá incluso, en esta virtualidad que nos invade, el coleccionista ni siquiera necesita del soporte físico de la obra para contextualizar su posesión, y la NFT queda como inmanente de su esencia que se protege o transmite como patrimonio cuando los fotones ya no registran en tu retina lo tangible de la realidad.

Vamos a ser testigos de un nuevo paradigma universal en la Historia del Arte. Nuevas monedas, nuevas obras de arte, nuevos artistas, nuevos desafíos y nuevas oportunidades que geométricamente se desarrollan, viven y mueren en nuestros estéticos sentimientos intangibles, como el mismísimo Cryptoart.

Ubicrypto (Junio 2021)